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jueves, 9 de septiembre de 2010

Los fantasmas del subte

Emparentados con las leyendas urbanas que fluyen en torno a singulares historias basadas en el misterio, los túneles por donde corren los subtes de Buenos Aires atesoran una infinidad de hechos anómalos e increíbles de los cuales suelen dar cuenta operarios y trabajadores de las hoy seis líneas del metro porteño, con testimonios expresados a veces con voz entrecortada que reflejan una intensa actividad paranormal que tiene lugar bajo tierra.



El cálido silencio de esos túneles que surcan las entrañas de la ciudad, se convierte en un ámbito ideal que combinado con la soledad impuesta por las tareas desarrolladas en las horas en que el servicio está interrumpido, multiplica la posibilidad de manifestaciones impensadas a las cuales no es fácil encontrarle una explicación razonable.

Una investigación realizada por Expedientes Secretos con personal de Metrovías permitió poner el foco sobre los misterios ocultos en los túneles del subterráneo y comprobar que más allá de las leyendas, existe una profusa casuística paranormal producto de los residuos psíquicos con que los investigadores definen a los hechos asociados a la presencia de fantasmas o aparecidos.

De hecho, más de una docena de esa manifestaciones aterradoras fueron confirmadas a Expedientes Secretos por un trabajador de Metrovías, con 30 años de labor ejercida recorriendo los túneles del subterráneo para constatar el estado de las vías y, si es necesario, repararlas. Paradójicamente la fuente manifestó su aparente escepticismo frente a estos episodios que, sin embargo, literalmente lo han rozado.

Alberto Mondragón Rodríguez es supervisor de vías de la línea “D” y su trabajo cotidiano realizado durante toda la noche, consiste en una actividad que le reporta sumo placer: recorrer de 23 a 5 los túneles oscuros y aparentemente silenciosos en los que durante el dia van y vienen, estridentes, los trenes. Y si lo hace solo, afirma, disfruta más la tarea.

La novia y la viuda

Conocedor de los casos que han trascendido y de otros que hasta hoy se han mantenido encriptados en los túneles, Mondragón Rodríguez señaló que uno de los hechos más reputados es el de la novia de blanco.

El fundamento de la historia ubicada en los primeros tramos de los años 30 es la trágica determinación de una joven miembro de una familia de sólida posición económica, a la que sus padres obligaron a casarse con un hombre al que no amaba. La chica aceptó el mandato familiar pero no lo soportó y tras contraer enlace en la iglesia de Nuestra Señora de Balvanera, se encaminó a la vieja estación Alberti y se arrojó al paso del subte. “Hay quienes dicen que creen haber visto a una mujer vestida de blanco, como una novia, que corre por los andenes” señaló Mondragón Rodríguez, en referencia a las percepciones que han tenido empleados de subterráneos, en especial cuando están corriendo los últimos servicios.

El caso terminó convirtiéndose en una leyenda a la que se suma otra dama de blanco pero en este caso de perfil más proletario, dado que sus apariciones suelen tener lugar en los Talleres Rancagua, donde es reparado el material rodante de Subterráneos, allí muy cerca del cementerio de la Chacarita.

El fantasma de los talleres es conocido como la “viuda” pero, en su caso, no hay una historia plenamente definida como el de la novia anterior y según sea la versión sobre la cual se apoye, en todos los casos la presencia en Rancagua se asocia con el alma penante de una mujer que desde la eternidad busca un consuelo que no llega.

Hay algo en el túnel

Pero las que son alucinantes son las historias que se dan dentro de los túneles. En la línea A, en Sáenz Peña, hay operarios que confesaron haber sentido la presencia de un diariero anciano a quien la ateroesclerosis le había causado estragos, y que un día en los años sesenta entró a la estación, bajó del anden y, enajenado por la enfermedad, corrió por las vías hasta encontrar la muerte bajo las ruedas del tren que arribaba.

Si de misterios se trata, los trabajadores de las vías saben que las zonas cercanas a las estaciones Dorrego y Carlos Pellegrini, de la Línea B, son proclives a ciertas anomalías que los intranquiliza. No saben decir perfectamente que es pero sombras, susurros o repentinas ráfagas de aire reflejan que allí hay algo extraño que pretende manifestarse.
Para Mondragón Rodríguez no habría justificación alguna para explicar esa anomalía pero recordó que en esas dos estaciones, cuando fue construida la línea en los primeros años del Siglo XX, se produjeron derrumbes que cobraron la vida de varios obreros.

Esos trabajadores eran inmigrantes sin familia que habían sido contratados a poco de bajar del barco que los trajo en su aventura americana al país y sin nadie que los llorara por aquí, quedaron sepultados en esos túneles donde vaya uno a saber si no expresan todavía su pena perpetua porque el polvo de sus huesos esté tan lejos del terruño.

Presencia incorpórea que huele a alcohol corre por Tribunales

Aunque se jacta de no creer en las historias de fantasmas del subte, Alberto Mondragón Rodríguez considera como un hecho sin ninguna duda anómalo el que suele ocurrir en el túnel a la altura de la estación Tribunales, de la Línea D, donde se manifiesta una presencia incorpórea.
Mondragón Rodríguez aseguró a Expedientes Secretos que “hay veces que uno va caminando por ese túnel donde de pronto empieza a circular aire a más velocidad. Se siente un impacto de esa corriente sobre el cuerpo y casi en paralelo -precisó- se percibe un intenso olor a alcohol”.

El supervisor de vías de la Línea D explicó que las veces que ha vivenciado esa anomalía “no ha durado más de un minuto” pero destacó que lo que se siente es “como si algo o alguien pasara corriendo muy cerca con un frasco de alcohol del cual se vuelca su contenido”.

En otro orden, si bien reconoció que en los túneles predomina la calma y el silencio, “se escuchan ruidos raros producto de vibraciones y hasta por los respiradores, se filtran las voces de la gente que circula arriba, por la calle”.
 

Pequeña síntesis de hechos inexplicables

Siguen estando ahí: En 1978 una tragedia enlutó al gremio. Por un error humano, un tren fuera de servicio cuyo conductor -que era padre de una de las víctimas- no sabía que a la salida de la estación Diagonal, en la Línea C, había señalistas en las vías, arrolló y mató a los dos operarios. En memoria de los trabajadores fueron instaladas dos velas eléctricas que pueden ser vistas por los pasajeros cuando el tren sale de esa estación rumbo a Avenida de Mayo. Pero también los trabajadores que se desempeñan en la soledad de ese tramo de las vías aseguran que siempre sienten que alguien los está mirando.

Voces en Pueyrredón: El túnel de la Línea D, cuando llega a estación Pueyrredón, hace una curva. Cuando señalistas y reparadores de vías transitan por ahí, escuchan como alguien que supuestamente viene del otro lado de la curva se acerca al lugar. La percepción es porque se escucha el movimiento de las lajas, como si alguien las estuviera pisando. Sin embargo, nunca hay nadie que llegue por detrás del grupo de trabajadores.
Molinetes con vida propia: Los amantes de las emociones fuertes saben que estación Sáenz Peña de la Línea A suele ocurrir un fenómeno singular: los molinetes se accionan solos, como si estuviera pasando una persona cuando en realidad no hay nadie. Algunos boleteros ya están acostumbrados, otros miran de reojo el reloj para ver si les falta mucho para terminar el turno. El fenómeno se repitió también en algunas estaciones de la Línea E.

El señor del baño: Un nochero de estación Plaza de Mayo quedó al borde del ataque de nervios la vez que una persona, a poco del cierre de la estación, le pidió permiso para ir al baño. La tardanza en salir hizo que el nochero -que lo esperaba fuera de los sanitarios- se acercara para preguntarle si se sentía bien, pero mayúscula fue la sorpresa cuando comprobó que allí no había nadie como así tampoco eventuales vías de escape. El trabajador pidió el cambio de horario.

Graffitis de terror: Algunos muchachos revoltosos buscan filtrarse en las cabeceras para pintarrajear las unidades en una actividad que toman como un desafío. Pero en Primera Junta, donde hay una entrada para trenes que sale a Emilio Mitre y Rivadavia, no hace mucho los vándalos se llevaron el susto de sus vidas a juzgar por la desesperación y rapidez con que salieron del túnel. El personal de seguridad que llegó al lugar al escuchar los gritos y ver la corrida, no encontraron nada en el lugar.
 
Extrañas sombras visitan estaciones en toda la Línea A

Cynthia Arro es boletera de Metrovías y hace dos años y medio fue protagonista de una inexplicable situación ocurrida en estación Congreso, lado sur, que le heló la sangre aunque después pudo comprobar que se trataba de un hecho frecuente que se repetía a lo largo de toda la Línea A.

“Eran las 22.30 de un sábado y yo ya estaba terminando mi turno cuando -recordó Cynthia en diálogo con Expedientes Secretos- de repente, una sombra muy definida cruzó por detrás mío y de costado para perderse en el interior de la boletaría”. La joven quedó pasmada y le contó lo ocurrido al nochero que se aprestaba a hacerse cargo de la estación hasta la salida de los primeros servicios del día siguiente. Su compañero le dijo que no se preocupara porque lo que la chica había vivido en definitiva “era algo común”. Cynthia, que era nueva por entonces en el trabajo, no quiso repetir esa experiencia terrorífica y al día siguiente se apersonó ante su supervisor para solicitarle el cambio de boletería, petición aceptada por el jefe que, sin embargo, trató de calmar a la boletera con un frase que la trabajadora no olvida: “lo que vos viste, se ve en toda la Línea cuando no hay movimiento”.

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